¿INSULTOTERAPIA?

Insultar es una manera de comunicación tan antigua como el lenguaje. Nos hace encajar en sociedad, y manifestar todo tipo de emociones, sirve para expresar ira, sorpresa, miedo, alegría, dolor y pasión. Además, insultar también produce efectos sorprendentes sobre el cuerpo cómo reducir el dolor físico y emocional.

Richard Stephens, investigador de la Universidad de Keele (Reino Unido), ha estudiado algunos. Mantiene que:

“Decir palabrotas en voz alta puede darnos un impulso en términos de rendimiento físico”.

Para confirmar su hipótesis, Stephens midió el rendimiento físico de varios voluntarios que realizaban ejercicios físicos. Las diferencias fueron reveladoras entre aquellos que repitieron la palabrota fuck (‘joder’, en inglés) durante la prueba y los que pronunciaban un término neutro. Su teoría es que el efecto

“es psicológico, bien porque alivia el dolor, bien porque nos desinhibe y hace que insistamos más”.

En los estudios realizados por Stephens, los colaboradores que blasfemaban aguantaron de media 40 segundos más que los que se expresaban  con el vocabulario socialmente aceptado. Este aumento en la resistencia al daño se da hasta en pueblos tan poco dados al improperio público como el japonés. Los términos deben retener parte del tabú o pierden el impacto.

Emma Byrne, neurocientífica y defensora del arte de blasfemar. En su libro Swearing Is Good For You (Maldecir es bueno para usted), Byrne repasa lo que la ciencia dice sobre el decir tacos, su origen y sus consecuencias sobre nosotros y quienes nos rodean:

“[…] permite la expresión de emociones negativas y positivas con muchos más matices”. Esto resulta especialmente importante en la comunicación escrita: si en el cara a cara podemos interpretar las expresiones y el tono de voz de nuestro interlocutor, al escribir, estas palabras indebidas “transmiten niveles más sutiles de frustración, cercanía y afecto”. Para Byrne, el valor de blasfemar e insultar reside en su función de “analgésico social”.

Michael Philipp, psicólogo de la Universidad Massey (Nueva Zelanda), ha investigado sobre este tema, ya que si expertos como Stephens han demostrado que las palabrotas reducen nuestra sensibilidad al dolor físico, ¿podrían hacer algo similar con el emocional?. Pidió a decenas de voluntarios que escribieran sobre una experiencia personal traumática, en la que se hubieran sentido excluidos. A algunos se les permitió decir palabrotas tras la prueba, y al resto no se les permitió. El estudio determinó que insultar reducía las sensaciones de angustia. La teoría de Philipp es que, cuando blasfemamos en voz alta,

“se desencadena una respuesta biológica al estrés que distrae de lo peor del dolor, ya sea físico o emocional”

Benjamin Bergen, investigador de la Universidad de California en San Diego (EE. UU.), confirma que:

“Los estudios indican que también calma el estrés y hace que la gente parezca más accesible, sincera y simpática”.

Pero cuidado pues Bergen, considera blasfemar es un arma de doble filo:

“Como cualquier herramienta poderosa, puede beneficiarnos cuando se usa adecuadamente, pero también se puede emplear para el abuso verbal”.

Por lo tanto, algunos estudios sugieren que  maldecir en voz alta dispara una respuesta fisiológica que reduce el dolor físico y el emocional

NO AL VOLANTE

No todas las situaciones son compatibles con ponerse a insultar o decir palabrotas. Francisco Alonso, investigador y director del Instituto Universitario de Tráfico y Seguridad Vial de la Universidad de Valencia, ha estudiado el uso de palabrotas durante la conducción. Alonso ha analizado el efecto tras “Comparar conductas permitidas, como gritar, insultar y fumar, con otras que no lo están, como conducir bajo los efectos del alcohol y el exceso de velocidad”. Los resultados del trabajo según el investigador, es que estos usuarios

“cometen más infracciones y, por tanto, tienen mayor probabilidad de sufrir accidentes”.

“No mejoran la movilidad y al final solo conseguimos aumentar nuestra tensión”.

Philipp opina que no debemos forzar esta manera de comunicación. “Insultar resulta aceptable y hasta esperable en ciertos grupos sociales, pero en otros contextos es un tabú que puede crear rechazo. Hacerlo o no debería ser una decisión libre y personal. No existe una recomendación única sobre la forma de expresarnos”.

ATENCIÓN: antes de soltar una barbaridad, asegúrese de hacerlo con educación. Según el momento, y contexto social.

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